COQUETEANDO CON UN CISMA

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COQUETEANDO CON EL CISMA

El Arzobispo Carlo Maria Vigano, antiguo Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, acusó a oficiales de la jerarquía eclesiástica, incluyendo al Papa Francisco, de no actuar ante las acusaciones de abuso de conciencia y poder del Arzobispo Theodore E. Mccarrick.

La publicación del “testimonio” del Arzobispo Vigano llega en  un momento sin precedentes en la historia moderna de la Iglesia – y no solamente porque exige la renuncia del Papa Francisco. 

El documento de 11 páginas, preparado y publicado por Vigano con la ayuda de periodistas católicos simpatizantes,  mientras el Papa estaba en Irlanda, fue motivado por una vendetta, y facilitada por una crisis muy seria del Catolicismo  en los Estados Unidos. ·

Aquellos que estaban  familiarizados con la carrera de Vigano  en el Vaticano  y en  Washington, no se sorprendieron de ver  cómo las acusaciones, al ser inspeccionadas, perdieron credibilidad. 

Su anterior campaña difamatoria contra otros miembros de la Curia, puesta de manifiesto por los “Vatileaks”, colapsaron de manera similar.   Cabe notar que el primer rechazo del Vaticano fue el 2 de Septiembre, cuando los oficiales desafiaron  el relato de Vigano sobre cómo el había arreglado  la reunión privada entre el Papa y Kim Davis en 2015. Vigano engañó al Papa ignorando el consejo del Cardenal Donald Wuerl y el Arzobispo Joseph Edward Kurtz, quienes le advirtieron que no lo hiciera.

Hay mucho todavía por conocer sobre cómo Roma manejó la información sobre el Cardenal Theodore Mccarrick, pero tres puntos están ya, al menos, suficientemente claros. Primero, esto no fue solamente un caso cualquiera de un miembro del clero disgustado con su antiguo jefe; se trata de un diplomático papal,  retirado,  tratando de derrocar al Papa.  La “Operación  Vigano” falló en alcanzar  su fin, y se puede esperar que este fallo le dará a Francisco la fuerza necesaria para lidiar con la crisis de abuso sexual en los E.U. como lo hizo en Chile.

Segundo, el intento de enfocar la ira de los católicos americanos ante las revelaciones sobre el Cardenal Mccarrick en el Papa Francisco personalmente, no solamente es un fallo, sino que recurvó: ha provocado la reconsideración del papel que jugaron los dos papas anteriores en mantener la conducta de McCarrick en secreto. 

Francisco es el primer papa que no solamente actuó públicamente contra Mccarrick, sino que también “aceptó” la renuncia de los obispos culpables de encubrir a sacerdotes abusivos. Le tomó a los periodistas menos de una semana (del 26 de  agosto al 1ro. de  setiembre) para empezar a encontrar la realidad  detrás del “testimonio” de Vigano: si un abusador sexual pudo llegar a ser Cardenal Arzobispo de Washington DC, fue porque la estructura eclesiástica bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI incumplió sus responsabilidades.

Tercero, queda claro desde el principio de este episodio que tomará mucho tiempo en poder llegar al fondo de lo que realmente ocurrió. Sería ingenuo imaginar que solamente existe un “caso McCarrick” bajo llave en el Vaticano, o que todo se encuentra en un solo documento en alguna parte.

El acceso al obispado ha sido siempre -al menos durante el segundo milenio- una mezcla de burocracia, movilidad social, e interrelaciones informales. El Vaticano nunca ha sido completamente burocrático  y no siempre pone las cosas por escrito.

¿Y cómo esta la situación ahora?

Este verano se abrió un nuevo capítulo en la historia de los escándalos sexuales. El contexto eclesial es muy diferente de la situación que existía entre el año  2002 y el pontificado de Benedicto. La crisis de abusos sexuales ha puesto de manifiesto otra crisis: la creciente división que hay dentro de la Iglesia Católica en los Estados Unidos. Primeramente esta no es una total nueva ruptura entre los dos diferentes tipos de cultura católica que tenemos. Está además la división que prevalece entre el Papa Francisco y los Católicos norteamericanos.  Aún quienes lo admiran, desconocen  cuál es su estrategia a corto plazo en el manejo de la crisis sexual, en contraste con su estrategia a largo plazo en contra del clericalismo señalado en su carta de Agosto 20 “Carta al Pueblo de Dios”.

La semana pasada, Michael Sean Winters escribió un artículo para el National Catholic Reporter donde tuvo el coraje de mencionar la palabra “cisma”. Un creciente número de Católicos conservadores ya no acepta la legitimidad del Papa. Lo ocurrido en las últimas semanas ha exacerbado las tensiones que ya venían acumulándose por años. En realidad, la gente detrás del intento de forzar la renuncia de Francisco es una minoría entre los Católicos de los Estados Unidos – no reflejan la relación de Francisco con la totalidad de la Iglesia en los E.U., mucho menos con la Iglesia Católica del resto del mundo. Por lo tanto, es improbable que esta crisis lleve a un cisma (2 papas, 2 curias, 2 colegios cardenalicios, y 2 “obediencias”). Pero la situación se complica por el hecho de que aún existe un papa retirado (emeritus) en el Vaticano. Benedicto XVI, que se ha convertido en un símbolo de resistencia para los tradicionalistas católicos opuestos al reformista Papa Francisco, quienes ven la teología de Benedicto más afín a la suya. 

Es muy temprano para saber si el “testimonio” de Vigano – que sin intención puso al descubierto los serios problemas creados por la manera en que la Curia de Benedicto manejó los cargos de abuso- los llevara a reconsiderar su lealtad sin reservas al Papa Benedicto. Lo que sí queda claro es que durante los últimos cinco años y medio, algunos han ciertamente intentado usar a Benedicto contra Francisco, mostrando con ello una obediencia discrepante que no hubiera sido tolerada en otros tiempos: un acto de desafío contra el actual Obispo de Roma.

En todo caso, el Sr. Winters correctamente plantea que hay tendencias cismáticas dentro de la Iglesia Católica de los Estados Unidos que no existe en otras partes del mundo – ni siquiera en China, donde el problema se basa en la existencia de dos jerarquías, no en dos tipos diferentes de Catolicismo.

Hoy en día, en los Estados Unidos, la comunión está en peligro. Hace 500 años, el Cardenal Robert Bellarmine, uno de los más importantes teólogos en Eclesiología Católica, definió los 3 vínculos de comunión dentro de la Iglesia: la profesión de fe, la autoridad eclesiástica (especialmente el Papa), y los sacramentos. La comunión se debilito con la división litúrgica que ocurrió después de la decisión de Benedicto XVI de re-introducir la Misa pre-Vaticana II como una “forma extraordinaria” del rito romano. Pero, lo que realmente está en peligro es el vínculo entre la Iglesia como pueblo y la autoridad eclesiástica – no solamente los oficiales personalmente,  sino el sentido mismo de lo que es la autoridad en la Iglesia.

La crisis actual es realmente una combinación de 3 crisis diferentes: teológica, política y geopolítica

Crisis teológica: El intento por parte de los tradicionalistas en este país de deslegitimar  al Papa Francisco nos recuerda la controversia del Modernismo bajo Pio X a principios del siglo XX, pero con las posiciones invertidas. Una minoría de activistas tradicionalistas están hoy tratando de silenciar a un papa modernista. Recuerda la alienación del “integrista” Arzobispo Marcel Lefebvre, quien fue excomulgado después de ordenar a cuatro obispos para la Sociedad San Pio X. Lo que ocurrió en aquel momento (después  de Vaticano II hasta 1988) dentro de la cultura católica francesa podría estar  ahora ocurriendo en los Estados Unidos, pero en mayor escala. El sector tradicionalista dentro del catolicismo en los E.U. rechaza el desarrollo de la enseñanza durante y después del Vaticano II. Su rechazo es a cierta forma más radical que las de Lefebvre, cuyas objeciones eran más estrechas en su enfoque. Muchos tradicionalistas ahora rechazan no solamente el espíritu del concilio, sino también los documentos publicados. Hay una polarización teológica en la Iglesia de los E.U. Cada lado se mueve en dirección opuesta, de manera que hay muy pocas personalidades católicas que puedan construir puentes entre la derecha y la izquierda. Ciertamente, esta generaci6n de obispos en los E.U. ya no es capaz de hacerlo. El clero común y el laicado en posiciones de liderazgo (padres, maestros, ministros de la liturgia) serán puestos a prueba intensamente en los próximos meses… ¿acaso pueden ellos hablar con la otra rama de Cató1icos y al mismo tiempo ser modelo para los demás?

Crisis política: La ruptura entre los católicos tradicionalistas y el Papa Francisco no se entiende por separado de la polarización política de los E.U. La primera fase del problema consistió en la creciente identificaci6n de los obispos con el Partido Republicano, mayormente debido a cuestiones de carácter social. A medida que el Partido Republicano se fue radicalizando durante la década pasada, lo mismo ha ocurrido con más de unos cuantos obispos. También durante ese periodo, algunos destacados intelectuales conservadores abrazaron el Catolicismo por razones aparentemente políticas. Esto no es un fenómeno nuevo. (El autor cita el caso de Charles Maurras y Ia Action Francaise en 1926 bajo Pio XI).

El Jesuita John O’Malley, en su más reciente libro sobre los movimientos teológicos que crearon las condiciones para el Vaticano I, establece muchas similitudes entre en Ultramontanismo del siglo XIX y el Tradicionalista Americanismo Católico del siglo XXI. En ambos movimientos los jugadores son mayormente periodistas e intelectuales laicos cuyo conocimiento sobre la iglesia es esencialmente político, en vez de espiritual. Admiran a la iglesia como una institución  capaz de resistir la Modernidad, especialmente el estado moderno. Tienen poco o ningún interés en la eclesiología o la teología sacramental- o cualquier cosa que no pueda ser utilizada en contra de sus enemigos políticos.

Crisis geopolítica: Los medios de comunicaci6n católicos que han sido parte integral de la operación Vigano quisieran reconquistar Roma, pero tienen muy poco conocimiento sobre Roma o sobre la iglesia mundial. Para ellos, toda la Iglesia Cat6lica es la Iglesia Católica Americana. Filadelfia no es un nuevo Avignon, pero los Estados Unidos sí reflejan un parecido con lo que era Francia para el Catolicismo en los siglos XIV y XV. El Gran Cisma Occidental fue -en parte- consecuencia de la competencia por el liderazgo de la Europa Cristiana entre el Papado y la Monarquía francesa. En este momento hay una implícita competencia de liderazgo moral entre el Vaticano y la última superpotencia del mundo.

Esto representa una ruptura no solamente dentro del Catolicismo en los Estados Unidos, sino también una fractura en la iglesia mundial. Hay que aclarar que las conferencias de obispos de Latino América y Europa han apoyado públicamente al Papa Francisco desde que la carta de Vigano fue publicada; Mientras que ha habido un inquietante silencio por parte de la mayoría de los cardenales y obispos de los Estados Unidos. Algunos obispos conservadores han garantizado la integridad de Vigano  y varios obispos nombrados por Francisco que aparecen en la carta de Vigano han salido en defensa del Papa

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